Una ley de Nueva York obliga a los anunciantes a revelar claramente intérpretes sintéticos generados por IA que parezcan personas reales.
Las multas son modestas, pero la señal es fuerte: la divulgación de IA entra en la publicidad diaria.
La clave no es una función aislada, sino la distribución: insertar IA en flujos que los usuarios ya repiten a diario.
La prueba estará en la ejecución. Si funciona con estabilidad, refuerza el argumento comercial; si falla, la misma visibilidad amplificará el tropiezo.
Fuentes: materiales públicos de las empresas y reportes de medios, CocoLoop.